miércoles, 5 de septiembre de 2012

Noches que debieran ser la vida

Comienzo mi primera intervención con una frase que me marcó durante la carrera, y que me ha venido varias  veces a la cabeza a lo largo de estas prácticas.

La marcha de becarios continúa en el Huelva, parecemos la millonésima edición de Gran Hermano, pero con caché. En estos días he notado la falta del milenium en el escritorio de mi ordenador, las sienes y sienes de agendas de Elena Llompart en la mesa, o el brillo de labios en la de Inma Gallego, las bromas de Chacho, los cabreos de Laguna, Carmen, Raquel, los gitanitos de Manolo, el ambiente que nosotros le hemos dado a la redacción... en definitiva vuestra presencia. Y es que dos meses dan para mucho, para hacer de personas desconocidas personas indispensables. Hemos construido una pequeña familia a base de precariedad, horas, agobio y 40º de calor veraniego, pero al fin y al cabo, una familia.

Como dijo Pablo, vamos saliendo y vamos tomando caminos diferentes. Sea donde sea de donde vengamos o a dónde vayamos, creo que me he cruzado con grandes personas, que van a ser grandes periodistas. Como Pablo, me siento orgullosa de pertenecer a una generación única, que puede comerse el mundo si quiere, aunque el discurso oficial se empeñe en mermar sus sueños. Por suerte o por desgracia, hemos escogido una profesión dura, pero muy hermosa, que nos hace más humanos, partícipes de lo que ocurre y capaces de hacer que las cosas cambien.

Para mí han sido dos meses para aprender, para crecer y para ser mejor periodista. Señores, que sean felices.